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María Elisa Ruiz: “El conocimiento, innovación y mejora continua han permitido que Panamá tenga un lugar destacado en la industria cafetera mundial”

La industria del café en el distrito de Boquete se ha desarrollado de una forma tan prominente que hoy en día es un producto turístico con el potencial de beneficiar a todo el país.

Por esta razón nuestra Invitada Especial es una empresaria, caficultora y promotora del café de especialidad, reconocida por su liderazgo en el desarrollo y posicionamiento internacional del café en Boquete. Oriunda de Boquete, forma parte de la cuarta generación de una familia dedicada al cultivo del café desde finales del siglo XIX, junto a su hermano Plinio Ruiz han liderado la evolución de Café Ruiz y en 1988 se convirtió en la primera persona de Panamá en recibir formación especializada en la cata del café.

María Elisa Ruiz es considerada una de las figuras más influyentes de la caficultura panameña y le dedica un espacio exclusivo a The Visitor – El Visitante para aportar sus conocimientos en torno a la industria del café y su relación con el turismo en Boquete.

María Elisa Ruiz catando café de especialidad / Foto: Evie Ruiz

¿Cómo ha evolucionado Café Ruiz en Panamá y el resto de la industria cafetera hasta hoy?

“Mi historia con el café viene de mucho antes de Café Ruiz. Mi familia llegó a Boquete hace generaciones y encontró en el café una forma de desarrollar la tierra y construir un futuro. Con los años, cada generación fue especializándose más en el cultivo y procesamiento del grano, contribuyendo también al reconocimiento que hoy tiene el café de Boquete.

Mi abuelo continuó ese legado cuando adquirió una finca en Boquete y siguió trabajando en la producción de café. Más adelante, durante el crecimiento de la industria cafetera centroamericana en los años setenta, nuestra familia decidió involucrarse también en la comercialización del producto, lo que llevó al nacimiento de Café Ruiz en 1983.

Desde el inicio entendí que, para competir internacionalmente, había que aprender constantemente. En 1987 tomé un curso que me ayudó a comprender mejor el mercado global del café y a implementar nuevas prácticas en nuestro negocio. Ese aprendizaje no solo fortaleció a nuestra empresa, sino que también impulsó una competencia sana entre los productores.

Creo que uno de los mayores aportes de esta evolución ha sido que los productores panameños aprendimos a catar nuestro propio café. Esa cultura de conocimiento, innovación y mejora continua ha permitido que Panamá avance rápidamente y se gane un lugar destacado en la industria cafetera mundial. Esa capacidad de adaptarnos, aprender y buscar siempre hacerlo mejor sigue siendo, hasta hoy, nuestra mayor fortaleza.”

María Elisa Ruiz / Foto: Evie Ruiz

¿Qué es lo que hace tan diferente la experiencia del café en Boquete a diferencia del resto del país?

“Siempre he pensado que el café es un producto único. Cuando una persona encuentra el café que realmente le gusta, ese café pasa a formar parte de su vida. Pocos productos generan una conexión tan personal. Por eso el café de la mañana es tan importante; cuando no es bueno, uno lo recuerda durante todo el día.

Esa relación especial con el café también está ligada a Boquete y a su historia. Me llamó mucho la atención descubrir que ya en la década de 1950 había quienes proponían desarrollar un plan turístico para la región. Eso demuestra que, desde hace muchos años, se reconocía el enorme valor de este lugar.

Panamá posee una condición geográfica única al unir dos continentes y dos océanos, y dentro de ese territorio privilegiado se encuentra Boquete, un valle formado por la actividad volcánica que ha atraído a las personas desde tiempos ancestrales. Los primeros habitantes ya reconocían el valor de este entorno, y ese atractivo sigue vigente hoy.

Para mí, el futuro de Boquete depende de entender que su principal riqueza es precisamente aquello que lo hace diferente: su paisaje, su biodiversidad y sus recursos naturales. Estamos en las faldas del Volcán Barú, una zona fundamental para la generación de agua y para el equilibrio ambiental de toda la región. Por eso el turismo debe desarrollarse con una visión de largo plazo, dirigida a quienes valoran y respetan estos recursos.

La naturaleza que hoy admiramos no apareció por casualidad. Los árboles, los bosques y los ecosistemas que vemos existen porque generaciones anteriores los cuidaron. Nuestra responsabilidad es hacer lo mismo, conservarlos y transmitir esa conciencia a quienes vienen después. Esa es la historia que debemos contar y el legado que debemos proteger para que Boquete siga siendo un lugar único para las futuras generaciones.”

Antes el turismo en Boquete estaba enfocado en clima y naturaleza ¿Cómo el café de especialidad en Boquete está apoyando el turismo en esta región?

” Siempre he visto que existen distintos tipos de turismo. En el caso de Boquete, durante muchos años recibimos visitantes que llegaban principalmente para comprar café. Venían por negocios, pero aprovechaban para recorrer las fincas, conocer la región y quedarse algunos días más. Aunque en ese momento no se hablaba de turismo de café como hoy, ya existía una actividad que combinaba comercio, conocimiento y experiencia.

Por eso creo que debemos seguir refinando nuestros recursos y desarrollar una propuesta turística estrechamente ligada al concepto de terroir. Para mí, el terroir no es solamente el clima o la tierra; también incluye la topografía, el agua, la historia y las personas que trabajan cada finca. Todo eso forma parte de la identidad de una región y es lo que debemos aprender a interpretar y compartir con quienes nos visitan.

El café es, en realidad, un reflejo de su entorno. Cuando alguien prueba un café de alta calidad, está percibiendo las condiciones naturales que hicieron posible ese producto. El clima, los bosques, el suelo y el agua están directamente conectados con la calidad de la taza.

Aún tenemos mucho que aprender y desarrollar alrededor de la experiencia turística del café. Sin embargo, el turismo no consiste solo en atraer visitantes; también requiere la infraestructura y los servicios necesarios para manejarlo de manera responsable. Debemos pensar en el agua, los residuos, la movilidad y en la capacidad real que tiene el destino para recibir personas sin afectar los recursos que precisamente vienen a disfrutar. De lo contrario, corremos el riesgo de comprometer aquello que hace especial a Boquete.”

¿Qué se necesita desarrollar para que la experiencia del café de Boquete también se sienta más en el resto del país, y motive a las personas a visitar esta región de Chiriquí?

“Creo que existe una gran motivación en las personas por aprender algo nuevo, y esa es una de nuestras mayores ventajas. El reto está en hacer que la experiencia se sienta accesible y cercana, porque muchas veces quienes están fuera de Boquete lo perciben como un lugar lejano, cuando en realidad ofrece muchas oportunidades para descubrir y disfrutar.

Un buen ejemplo es lo que ocurre durante la Feria de las Flores, cuando miles de personas visitan Boquete. Eso nos demuestra que existe interés; lo importante es comunicar mejor que la región tiene atractivos durante todo el año. El café, sin duda, es uno de ellos, y cada vez vemos más apoyo gracias a los negocios especializados que promueven cafés de distintas fincas, especialmente en la ciudad de Panamá.

Esa difusión despierta la curiosidad de las personas. Primero quieren probar los cafés y luego desean conocer el lugar de donde provienen. Muchas veces la visita ya no se limita a una sola finca, sino a varias, convirtiéndose en una experiencia mucho más enriquecedora.

Además, esta cultura del café ha fortalecido el turismo local. Aunque seguimos recibiendo visitantes internacionales, cada vez más panameños viajan a Boquete para conocer productos que han alcanzado reconocimiento mundial. Les interesa entender qué hace especial a estos cafés, de dónde proviene su calidad y cómo se construye un producto de alta gama desde su origen hasta la taza.”

El café Geisha es el café más costoso del mundo, ¿Cómo podemos usar este argumento a nivel internacional para motivar a las personas a comprobar su cálidad y también a conocer nuestro turismo y gente?

“Lo primero que considero importante es entender que los productos de muy alto valor suelen ser escasos. Esa escasez determina también el tipo de turismo que pueden generar. No son experiencias pensadas para todo el mundo ni para grandes volúmenes de visitantes; requieren un enfoque distinto, basado en el respeto y la comprensión del recurso.

Cada destino tiene sus propias condiciones. No se visita una finca cafetera de la misma manera que se visita la Torre Eiffel o las pirámides de Egipto. Para preservar el atractivo, primero hay que entender su naturaleza, valorarlo y cuidarlo. En Panamá, además, debemos reconocer que nuestros recursos son limitados, por lo que no podemos competir por volumen. Nuestro camino está en identificar y desarrollar nichos de mercado específicos.

Al final, el producto turístico no lo define únicamente el atractivo; lo define también el cliente que está dispuesto a valorarlo. Por eso es fundamental conocer qué busca ese visitante y prepararnos para atenderlo adecuadamente.

La historia del café en Panamá es un buen ejemplo. Aprender a catar nos permitió reconocer el valor de nuestros propios productos. Si los productores no hubiéramos desarrollado esa capacidad, probablemente nunca habríamos identificado el potencial extraordinario del café Geisha. De la misma manera, para construir una oferta turística sólida debemos entender quién es el visitante que realmente apreciará estos recursos y diseñar la experiencia pensando en ese nicho. Esa sigue siendo una de nuestras tareas más importantes.”

¿Cuáles otras regiones del interior de Panamá tienen gran potencial cafetero y cómo se puede crear un circuito de experiencias entre fincas productoras?

“Creo que cada región tiene el potencial de ofrecer un café único, siempre que sus productores aprendan a conocer y evaluar lo que producen. La catación ha sido fundamental para nosotros, porque nos permite identificar cuáles áreas de una finca generan los mejores granos y los perfiles de sabor más destacados. Sin ese conocimiento es imposible tomar buenas decisiones.

Una finca de café se desarrolla con una visión de largo plazo. No se construye para una sola generación, sino para varias. Por eso cada decisión representa una inversión en el futuro y en la permanencia de ese legado.

Hoy contamos además con herramientas y tecnologías que permiten especializarse en aspectos como el procesamiento y la fermentación. Sin embargo, la especialización requiere disciplina. Es esa disciplina la que genera conocimiento sobre la finca, sus recursos y aquello que la diferencia de las demás.

También hemos aprendido que, aunque los productores compitamos entre nosotros, podemos lograr mucho más cuando trabajamos juntos para presentar al mundo una oferta de mayor valor. Al final, tanto en el café como en el turismo, todo depende de entender al mercado y a las personas que queremos atraer.

Por eso considero que el turismo debe construirse alrededor de una narrativa auténtica. Las personas visitan un lugar porque quieren conocer su historia, comprender lo que lo hace especial y vivir una experiencia que les permita conectar con esa identidad. Esa es, en esencia, la base de un producto turístico exitoso.”

María Elisa Ruiz / Foto: Evie Ruiz

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